Holanda: el caso del donante serial de esperma que tuvo que ser prohibido

3 febrero, 2021
Vanessa van Ewijk recurrió a un donante de esperma para sus dos hijos, en Lisserbroek, Holanda
Vanessa van Ewijk recurrió a un donante de esperma para sus dos hijos, en Lisserbroek, Holanda Crédito: lvy Njiokiktjien/The New York Times

En 2015, Vanessa van Ewijk, una carpintera de Holanda, decidió que quería tener un hijo. Tenía 34 años y era soltera, así que recurrió a la donación de esperma, como tantas otras mujeres.

Consideró la posibilidad de concebir en una clínica de fertilización, pero el costo le resultaba prohibitivo. Pero encontró un candidato ideal a través de un sitio web llamado Desire for a Child, uno de los cada vez más numerosos mercados de esperma que hay en internet, donde donantes y potenciales receptores se contactan de manera directa. A Vanessa la atrajo un perfil en particular, el de un músico holandés de poco más de 30 años llamado Jacob Meijer.

Ari Nagel, un profesor de matemáticas que dona exclusivamente y directamente en línea, en Hero''s Square en Owerri, Nigeria, en un viaje para donar esperma, el 15 de enero de 2021Ari Nagel, un profesor de matemáticas que dona exclusivamente y directamente en línea, en Hero”s Square en Owerri, Nigeria, en un viaje para donar esperma, el 15 de enero de 2021 Crédito: KC Nwakalor / The New York Times

Meijer era atractivo, tenía ojos azules y una larga melena rubia. A la joven le gustó su aspecto genuino y natural. “Hablamos por teléfono y me pareció amable y educado”, recuerda Vanessa. “Le gustaba la música, y me habló mucho de sus ideas de la vida. En ningún momento se puso pesado o intenso. Parecía el vecino de al lado.”

Un mes después de algunas idas y venidas, arreglaron para encontrarse en la bulliciosa Estación Central de trenes de La Haya. El joven proveyó su esperma y ella a cambio le pagó 165 euros, o sea unos 200 dólares, y un viático para cubrir el traslado. Nueve meses después, Vanessa dio a luz a una beba, su primer hijo y el octavo de Meijer, según el joven le contó. (Jacob Meijer no quiso ser entrevistado, pero aceptó contestar algunas preguntas por email, y dejó sentado que no dio permiso para que se publicara su nombre.)

En 2017, cuando Vanessa quiso ser madre otra vez, volvió a contactar a Meijer y la escena se repitió: se encontraron, y por la misma modesta suma, el hombre le entregó un receptáculo con su semen, ella quedó embarazada, y esta vez tuvo un varón.

Ya antes de eso, sin embargo, Vanessa se había enterado de un par de cosas que no le gustaron. Había entrado en contacto a través de Facebook con otra madre soltera que también había utilizado a Meijer como donante, y la mujer le dijo que según una investigación de 2017 del Ministerio de Salud, Bienestar y Deportes, el hombre había engendrado al menos 102 hijos e hijas en Holanda, a través de numerosas clínicas de fertilidad, un conteo que no incluía sus donaciones privadas a través de sitios web.

Pero Vanessa van Ewijk quería que sus hijos fuesen hermanos de padre y madre, así que recurrió a Meijer de todos modos. Pero estaba alarmada. Holanda es un país pequeño, de 17 millones de habitantes: cuantos más medios hermanos haya sueltos sin saberlo entre la población, mayores las chances de que se crucen y tengan hijos, con el consecuente riesgo de que tengan defectos congénitos.

Furiosa, Vanessa confrontó a Meijer, y el hombre admitió haber engendrado al menos 175 vástagos, y reconoció que podrían ser más.

“Me dijo que quería ayudar a las mujeres a cumplir su mayor deseo”, recuerda Vanessa. “¡Le dije que no ayudará más! ¿Cómo le explico a mis hijos que tienen como 300 hermanos?”

Y tal vez solo esté al tanto de la mitad del problema.

El primer niño fruto de la fertilización in vitro nación en 1978, y en las décadas que pasaron desde entonces, la donación de esperma se ha convertido en un pujante negocio global, con clínicas de fertilización, bancos de esperma y donantes particulares que buscan satisfacer la demanda de quienes quieren concebir.

Como industria, sin embargo, está muy poco regulada. Existe un emparchado de leyes que aborda el tema de quién puede donar esperma, dónde y qué tan seguido puede hacerlo, con el claro objetivo de no provocar o propagar discapacidades genéticas en la población. En Alemania, el donante de una clínica de esperma no puede engendrar más de 15 hijos o hijas. En el reino Unido, ese límite es de 10 familias, sin número máximo de hijos en cada una. En Holanda, la ley holandesa prohíbe la donación anónima, la recomendación no obligatoria es no superar los 25 hijos e hijas y no donar en más de una clínica del país. En Estados Unidos no existe un límite legal, solo lineamientos de la Sociedad de Medicina Reproductiva: 25 hijos por donante en una población de 800.000 personas.

A nivel internacional, las regulaciones son todavía más escasas. En muchos países, nada impide que alguien done cuanto esperma quiera en clínicas de fertilización, o en agencias globales como Cryos International, el mayor banco de esperma del mundo, que desde Dinamarca hace envíos de semen a más de 100 países.

“Ni en Estados Unidos ni en ninguna otra parte hay algo que impida que alguien done en más de un banco de esperma”, dice Wendy Kramer, cofundadora y CEO de Donor Sibling Registry, una organización de apoyo a las familias que han recurrido a donantes en Estados Unidos. “Los bancos de esperma aseguran que les preguntan a los donantes si ya han aportado en otros lugares, pero la respuesta es incomprobable.”

Casi no hay leyes que regulen las donaciones privadas del tipo que van Ewijk y Meijer organizaron a través de Internet. Y esa laguna legal ha permitido que se produzcan varios casos de donantes que han engendrado decenas de hijos o más, y de hijos adultos que han descubierto, a menudo a través de las redes sociales, que no solo tienen un puñado de medios hermanos, sino decenas.

En 2019, la Fundación Stichting Donorkind -una organziación holandesa de apoyo legal y emocional para personas concebidas por donantes y sus familias, y que también ayuda a buscar parientes biológicos-, determinó a través de pruebas de ADN que el doctor Jan Karbaat, un especialista en fertilidad muerto en 2017, había engendrado secretamente a al menos 68 hijos e hijas, nacidos de mujeres que visitaron su clínica cerca de Rotterdam.

En 2017, después de enfrentar a Meijer, Vanessa van Ewijk notificó a la Fundación que el hombre tenía muchos más hijos de los que había revelado inicialmente, y que había estado donando esperma en varias clínicas. En la agrupación ya lo conocían por denuncias similares de otras madres.

La Fundación pronto determinó que Meijer había engendrado en forma privada al menos 80 niños en Holanda, además de los 102 que el Ministerio de Salud, Bienestar y Deporte había identificado en una red de 11 clínicas en todo el país. El gobierno prohibió de inmediato a todos los bancos de esperma holandeses el uso o distribución del semen de Meijer.

El tema de la donación serial de esperma también se ha detectado en otros países. Christina Motejl, una abogada de Berlín, es miembro de Donor Offspring Europe, una red de organizaciones de adultos concebidos por donantes en toda Europa. Motejl dice que su agrupación ahora está preocupada por los donantes que viajan por Europa tratando de engendrar tantos hijos como sea posible.

“Es una forma repugnante de narcisismo”, dice Motejl. “Nadie que esté bien de la cabeza quiere tener 100 hijos. La gran pregunta es ¿por qué? Estos hombres necesitan reconfirmar que son el gran macho y que todos los desean.”

Una mujer de Australia que compró esperma de Meijer a través de Cryos y concibió un hijo dice estar preocupada por la cantidad de vástagos que resultó tener. Ella y otras 50 madres que concibieron con el esperma del donante serial holandés han formado un grupo, Moms on a Mission, para intentar que deje de donar.

Su objetivo es conectarse con tantos progenitores como sea posible y averiguar la verdadera cantidad de descendientes que ha tenido, para que sus hijos puedan contactarse entre sí a medida que crecen. El grupo también aboga por la creación de una base de datos internacional de donantes de esperma.

“Lo hacemos para que estos hombres no anden donando esperma libremente por ahí y engendrando todos estos niños en el mundo, sin que quienes recurren a su esperma lo sepan”, dice la madre australiana. “¡Qué irá a pensar mi hijo cuando esté en edad de entender!”

The New York Times

Jaime Arrambide

Por: Jacqueline Mroz para La Nación
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